La necesidad de aprobación del deudor arruina a su familia

La necesidad de aprobación arruinan a las familias

En numerosas ocasiones el sobreendeudamiento es consecuencia de la falta de seguridad en uno mismo, se contraen deudas por la NECESIDAD DE LA APROBACIÓN de quienes más queremos al objeto de complacerlos.

Tener dependencia emocional a los demás puede llevar a las personas con baja autoestima a realizar acciones contrarias a sus reales posibilidades económicas con tal de hacerlos felices y de tener su aceptación. Su propia felicidad la someten como una última instancia, tras la previa felicidad y complacencia de la de los demás. Estas personas débiles de personalidad firman créditos al objeto de adquirir bienes materiales para obtener el  reconocimiento de sus allegados.

Esta forma de actuar les supone estresarse más de lo debido para dar a los demás más de lo que pueden dar y a ceder ante sus peticiones a pesar de que dichas exigencias estén por encima de sus propias posibilidades con tal de complacerlos.

La debilidad interna y la carencia de personalidad es la que precisamente provoca que erren y que acaben muy mal por realizar acciones contrarias a sus propias posibilidades. Ceden por miedo a decir “No”, pues piensan debido a su limitada “Zona de confort” (creencias internas) que no sean aceptados por los demás si no acceden a sus deseos lo que les lleva a realizar acciones como la de sobreendeudarse, a pesar de no poder, con tal de satisfacerlos y así sentirse queridos.

Pasado el tiempo, la persona insegura y con baja autoestima consigue un resultado contrario al que pretendía en un inicio, al contraer deudas con tal de dar lo mejor a aquellos a quienes ama les lleva a entrar en el “infierno-deudal”. Haber dado lo que no podía dar por cobardía a decir “NO” por su falta de autoestima y por el miedo al rechazo y a la descalificación de su familia le precipita a entrar en un estado de sobreendeudamiento que produce el efecto contrario del que pretendía inicialmente. Esto ocurre debido a que al no poder cumplir con los pagos de las deudas contraídas irresponsablemente, en lugar de complacer a su familia la destruye.

Dar amor no es dar aquello que no se puede dar, amar no supone tener que dar bienes materiales a toda costa por encimas de las posibilidades. Amar no supone la necesidad de la aprobación de las personas a las que queremos. Amar no es transigir a la aceptación de ellos. Amar es mostrase ante ellos sin miedo a su rechazo. El miedo a su rechazo para querer conquistar el corazón y la aprobación de ellos por inseguridad propia es la que conlleva en multitud de ocasiones a perderles.

Una fuerte personalidad es aquella que no teme a lo que los demás puedan pensar, es ser sinceros con ellos y con uno mismo, es mostrarse sin miedo al rechazo de quienes amamos. El miedo es el que provoca el abandono y el desarraigo de las personas que se aman pues cuando éstas descubren que el que quiso complacerlos (el deudor) les vendió una realidad económica ficticia por inseguridad y miedo a decir “NO”, se sienten engañados y decepcionados.

En numerosas ocasiones la falta de autoestima del deudor por la necesidad de aprobación de sus seres queridos le lleva a contraer deudas para adquirir bienes materiales por encima de sus posibilidades económicas.

He podido comprobar con numerosos clientes como las deudas destrozaron las relaciones con sus respectivas parejas. Cuando los saco de la ruina me dicen que sus vidas les ha cambiado radicalmente pues la pesadilla económica les enseñó que “querer no implica dar lo que no se puede dar” por miedo a que no te quieran y que precisamente “son las deudas las que le pueden provocar perder lo que más se quiere”. Algunas parejas se reconcilian tras pasar por el “infierno-deudal” y otras, lamentablemente, no.

La mayoría de los que pasan por la pesadilla de las deudas, salen más fortalecidos y seguros de sí mismos, desplazan lo material a un lado, no tienen la intención de volver a firmar más prestamos en sus vidas pues valoran la tranquilidad por encima de las cosas materiales y aprenden a que la mejor manera de que se les valoren y quieran es ser personas seguras de sí mismas. Han aprendido a decir “NO” y a no anteponer los criterios de los demás por encima de los suyos.

Reservado todos los derechos de autor

Guillermo González Fernández    Abogado defensor del derecho a la segunda oportunidad

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